Y de nuevo la luna, a la que tanto debo.
sábado, 15 de marzo de 2014
Mis planetas.
Imaginé con mi tiralíneas mental, los planetas que más me interesaban y los puse uno detrás de otro para que vigilaran mi destino. Más tarde ellos buscaron su lugar. Después me creí el centro de mi universo, y ahora, me deslizo por el tiempo.
Y de nuevo la luna, a la que tanto debo.
Y de nuevo la luna, a la que tanto debo.
domingo, 9 de marzo de 2014
Dibujo y difumino
Al cabo de mucho tiempo volví -por curiosidad y recreo- a retomar lo que quizá nunca tenía que haber dejado.
Nunca tuve un trazo de primera mano, siempre necesité ir perfilando lo que quería tener en el papel, pero lo que si se me daba bien era manejar el difumino y las sombras.
Este dibujo es una copia de una magnífica fotografía de la revista ¨Altaïr¨.
domingo, 2 de marzo de 2014
El misil inteligente.
El misil inteligente sale a toda hostia, cuando sobrevuela su objetivo militar, divisa un pueblo a unos 500 metros de la base; se dirige hacia las casas de adobe que se funden con la arena del desierto; se posa con suavidad en el suelo y se apaga.
Mientras que la arena se va reposando de nuevo, después del aterrizaje vertical, le salen patas y brazos con pinzas a modo de piernas y manos; al mismo tiempo, su cuerpo metálico, se esconde bajo una chilaba y un turbante. Se le abren dos ojos luminosos y una boca de acero con dientes como puñales, tras una sonrisa inteligente. Golpea la puerta de una de las casas; sale un nativo y pega un respingo hacia atrás al ver esa cosa que hay en la entrada a las 3 de la mañana. La cosa que está ahí plantada, le pregunta (en árabe claro) con voz metálica y robótica: ¿hay militares en estas casas?
El nativo niega con un gesto, mientras que tiembla y no puede articular palabra alguna. El misil inteligente (es muy, pero que muy inteligente porque su inteligencia se nutre de un software de 3ª generación, inventado a su vez por científicos ¨very¨, pero que ¨very¨ inteligentes), le vuelve a preguntar:¿está seguro? El nativo asiente con la cabeza, totalmente aterrado y ya, con toda la familia detrás y con los atuendos propios de la hora que es: camisones, pijamas, chanclas (árabes, por cierto), etcétera. El misil dice: Siento haberles despertado, ¡hala! a dormir todo el mundo.
El monstruo se va, el hombre cierra la puerta; se pone a mirar por una ventana junto a los suyos, detrás de los visillos.
El misil inteligente se aleja de puntillas para no hacer ruido. Se dirige hacia a la base militar y, cuando la tiene a tiro, se le cae el disfraz; se le encojen las patas y los brazos; comienza a salir fuego por donde antes salían las patas; sube enfurecido hacia la oscuridad de la noche y, cuando ha subido un kilómetro y medio, se revuelve hacia abajo. Ahora es un misil muy cabreado, con los dientes de acero tan abiertos como los de un tiburón ante su presa; la baba aceitosa que procede de sus entrañas se le escapa por la comisura de su metálica ¨boca¨. Desciende a una velocidad endiablada, y con una furia terroríficamente fría y calculada, apunta con toda precisión al cuartel donde, finalmente cae y explota.
A lo lejos, en la silenciosa, plateada y mágica noche del desierto, se oye un estruendo inesperado, y al mismo tiempo, se ve un magnífico espectáculo de fuegos artificiales bajo las lágrimas de la luna.
Mueren 2 comandantes, 3 capitanes, 5 sargentos, 4 cabos y 50 soldados. Da la casualidad de que entre esos soldados, algunos tenían sus familias en las casas donde había estado antes el ¨amable¨ misil inteligente.
En esas casas no queda un cristal entero, ni platos ni floreros. Las puertas y ventanas están todas descuadradas; la gente del pueblo sale aterrada de sus chozas de adobe sin saber que ha ocurrido. En fin, lo normal en estos casos.
Por cierto, al abuelo de la casa escudriñada por el misil, le dio un ataque al corazón, pero eso, como todo lo anterior, son daños colaterales.
La democracia está en marcha. Este artefacto ha hecho bien su trabajo; ahora nosotros, los occidentales, podemos dormir tranquilos.
sábado, 1 de marzo de 2014
El gran momento.
El silencio es de un valor incalculable. El mejor homenaje que se le puede hacer cuando aparece es disfrutarlo sin demora. Ni siquiera la música, su eterna deudora, debe interrumpirlo. Sentir el silencio es oírlo, estar con él es placentero; para mí es más que suficiente. Después de atravesar el día de parte a parte una vez más, en esta hora magnífica, el silencio está aquí. Éste es un gran momento, es único, y sin embargo, es de una sencillez tremenda y magnética.
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Sugerencia. Es un momento propicio para sentarse ahí, con la guitarra; improvisar notas huérfanas de melodía...
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En este magnífico artículo de Carlos Marcos del País semanal, dice que ¨Princesa¨ ya tiene 40 años; pero no, esa canción la compuse seis año...



