El
silencio es de un valor incalculable. El mejor homenaje que se le puede
hacer cuando aparece es disfrutarlo sin demora. Ni siquiera la
música, su eterna deudora, debe interrumpirlo. Sentir el
silencio es oírlo, estar con él es placentero; para mí es más que
suficiente. Después de atravesar el día de parte a parte una vez más, en
esta hora magnífica, el silencio está aquí. Éste es un gran momento, es único, y
sin embargo, es de una sencillez tremenda y magnética.
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