jueves, 29 de mayo de 2014

Más que una canción

No me dejes a solas



Por razones que contaré en otro momento, a principio de los ochenta, tuve que cambiar la manera de tocar la guitarra.
La pretensión de fusionar las influencias de Andalucía con otros paisajes sonoros, se fue al traste cuando ya llevaba mucho camino recorrido.
La solución era difícil y sencilla al mismo tiempo: si quería seguir contando historias con una guitarra, tenía que renunciar a la fusión y abrirme a la posibilidad de tocar de otra manera, porque la bulería o incluso la sencilla rumba ya no estaban a mi alcance.

Una vez que encontré la hebra, fui tirando del hilo y compuse después un buen manojo de canciones; aunque, a la guitarra no le pude dar lo suyo con cierta garantía hasta pasados unos años. Nunca sabré si fue para peor o mejor, pero, aquí estamos.
Este vídeo es un pequeño homenaje a ese tiempo y a esta copla que se cruzó en mi camino. Es parte de aquellas primeras canciones que hice entonces, mientras le seguía el rastro al sueño de continuar en este oficio tan bonito como puñetero.

Es más que una canción para mí, es la prueba evidente de que es difícil que te paren si estás convencido de lo que quieres.

lunes, 19 de mayo de 2014

Ya está aquí la levantera


Foto: J. A. Muriel


La luna preñada de Tarifa se desliza sobre un levante salado y brutal; un levante animal que aúlla a través de las rendijas.
Un viento insomne, desatado e insaciable ulula por las solitarias esquinas, al tiempo que riza las olas mestizas del Estrecho en esta extraña madrugada de Mayo.

No quiero estar en otro lugar.
No cambio por nada el placer de oír el incesante y milenario gemido del aire arañando puertas y ventanas.
Mientras la mágica luz primigenia de la luna mece la cuna donde se agita el viento, me detengo en el vértice mínimo del tiempo, y por un instante, una décima eterna de segundo, puedo sentir que este viento nativo no va solo.
Cuando despierta y se despereza en su cueva invisible, con el primer soplo, comienza la brisa que anuncia el carnaval. A medida que se encabrita van despertándose todos los fantasmas que en vida poblaron este trozo de tierra y sus alrededores.
Un cortejo de proporciones tremendas, una fiesta espectacular de disfraces, se va extendiendo desde más atrás de ¨ Yazira Tarif ¨ hasta más allá de  ¨Baelo Claudia¨.
A la vez que oigo los matices de la melodía salvaje del viento, creo escuchar en las voces soterradas de sus antiguos habitantes, los cánticos que precedieron a nuestras canciones de hoy.
Fusión y amalgama de civilizaciones y razas luchando entre sí por este trozo de tierra.
A veces pienso que no es el viento quien las agita, sino que es al revés: son las almas sin pena, las que decidieron quedarse en este lugar privilegiado de luz cambiante y playas inmensas, las que embaucan al viento y lo utilizan como un instrumento para decirnos que éste es su territorio.

No, no estaría en otro sitio mejor que aquí, donde la hipnótica y postiza luz de la luna acaricia lentamente el lomo de un levante irascible y poderoso. No lo estaría.


Pd: En Tarifa (donde por cierto, no se cae ni  una teja), cuando viene el Levante, se puede oír a cualquiera decir: ¨ ya está aquí la levantera ¨.

Dedicado a Marian y Henri.







lunes, 5 de mayo de 2014

Crónica de María Gracia

 Crónica de María Gracia Correa del concierto que compartimos Mª  José Hernández y un servidor y que pertenece al festival ¨Abril para vivir " en Granada. Este festival lo organiza y coordina magníficamente, cada año,  JuanTrova.


http://www.cancioneros.com/co/6220/2/juan-antonio-muriel-y-maria-jose-hernandez-viviendo-abril-por-maria-gracia-correa

lunes, 21 de abril de 2014

La música callejera



   La música callejera



  



Vídeo: José Luis Martínez 


 Cuando hice esta canción (forma parte de una trilogía, pero ésa es otra historia), no podía imaginar que los músicos de la calle tendrían que pasar un examen para demostrar su talento.

 Uno de estos ¨ repeinaos ¨ que pertenece a la ¨ Real y Venerable Cofradía de la Santa Botella ¨, en una rueda de prensa, decía algo así como que a los artistas callejeros había que exigirles un mínimo de calidad artística. Semejante majadería sólo podía salir de semejante personaje.

He visto a un hombre destrozar una canción con una guitarra a la que le faltaban dos cuerdas, y por lo que escuché le sobraban las otras cuatro.
A este improvisado cantante no le hacían falta las dos cuerdas ni tener más talento, le hacía falta comer; pero, según el repeinao, no tendría que estar en la calle incordiando porque para eso están los miles de puestos de trabajo que el gobierno de su partido está creando, con unas condiciones laborales más que ventajosas para quien de verdad quiera trabajar.

He visto y oído cómo alguien liquidaba, finiquitaba, licuaba -porque hacía un calor supremo-, una y otra vez esa maravilla que es ¨ La Cumparsita. Lo hacía con un acordeón del que le sobraba toda la parte izquierda, ya tenía bastante el hombre con acertar con las teclas de la derecha. Y no sólo tenía ese inconveniente, tenía
también que abrir y cerrar el fuelle con el calor que hacía y con la
debilidad propia del que posiblemente comía lo justo. Estaba allí sin saber tocar, haciendo el paripé y aguantando la
mirada asesina de un camarero que ya lo había echado más de una vez; cosa por otro lado bastante lógica.


Si estás ocho horas yendo, viniendo y aguantando los caprichos de cada parroquiano, o lo que es lo mismo, haciendo kilómetros como un boomerang de a pie que lanzan desde la barra, y encima, oyes como asesinan de manera repetitiva a ¨ La Cumparsita ¨ y,
para colmo eres argentino, no es de extrañar que quieras matar al del ¨ acordeón-martillo ¨, por muy necesitado que esté.


Las aceras, las plazas, el metro, etcétera, están pobladas como nunca de personas que se buscan la vida de muchas maneras, y una de ellas es haciendo  música o destrozándola.
Todos hemos visto músicos y cantantes callejeros estupendos; algunos muy buenos, otros malísimos y otros que son meros intrusos que no ven otra salida y se agarran a lo primero que suena, a lo primero que se les cruza por el camino. Es simplemente una cuestión de necesidad básica.

El aura de romanticismo que aún envuelve a algunos músicos callejeros, poco a poco se va diluyendo en la misma proporción que se multiplican por las aceras. 
No es raro ver  una discusión por la posesión de una esquina, y mucho menos raro es el uso del amplificador. Esto último es tirar piedras sobre tu tejado, es la excusa perfecta (si es que la necesita), del ayuntamiento para decidir quién sí y quién no. 



Pero si para tocar en la calle hace falta un carné  que les dé legitimidad como músicos, primero, la Sra. Botella debería mostrar sus credenciales donde diga que su elección como alcaldesa goza de la legitimidad suficiente como para estar en ese puesto.
Y, aunque eso fuera posible -cosa que como todos sabemos no lo es-, cualquier persona que trate de buscarse la vida, ya sea tocando una botella de anís o un arpa de boca con un chupa-chup en mitad de la calle por unas monedas, tiene más derecho a
hacerlo antes, de que los miembros de toda la ¨ Real y Venerable
Cofradía de la Santa Botella ¨ en pleno, ocupen sus respectivas  poltronas.


Este vídeo ilustrativo y bonito lo hizo José Luis Martínez.
Su blog sobre la canción de autor es una maravilla.

Ésta es la dirección: 



http://alaorilladeunaguitarra.blogspot.com.es/














viernes, 18 de abril de 2014

Crónica de un agradecimiento







Después de ver por primera vez la triste noticia de la muerte de Gabriel García Márquez, a través de Alejandro Romano en Facebook, he puesto en los comentarios que soy uno más de sus muchos deudores.

Es  mucha la deuda que tenemos todos con él.

Yo le debo a este hombre, no ya el placer y la diversión de la lectura, sino que también le debo el aprendizaje.

La manera que tiene de contar historias es única, original y una fuente inagotable de ingenio. Y digo tiene porque, cada vez que lo lea descubriré de nuevo y como nuevo, lo que creía que ya me había contado. Seguirá reinventándose como si las palabras se germinaran unas a otras para contarme de manera diferente cada vez, la historia que ya conozco.

De todas las cosas buenas que nos deja, hay una que a mí no sólo me sirvió de recreo, sino que también me ayudó a salir de algún agujero, esa cosa se llama imaginación.

He pasado por muchas etapas y he utilizado muchos recursos  para escribir canciones si no salían con la fluidez que esperaba. Son trucos de oficio que a veces me han dado resultado. Uno de ellos era dejar de intentarlo y ponerme a leer, ya fuera poesía, relato o lo que encontrara a mi paso por las estanterías; de esa manera dejaba de darme contra la pared una y otra vez, al mismo tiempo, cambiaba de tercio y llenaba el depósito.

Pues bien, uno de los libros que con más asiduidad me salían al paso en esas ocasiones era ¨ Cien años de soledad ¨.

Lo bueno es que me enganchaba; lo malo es que no volvía al tajo, precisamente por lo bueno.

Daba igual por donde lo abriera, ahí estaba la magnífica e imaginativa historia de la familia Buendía.

Otro relato que me enseñó  -por si se me había olvidado-, a sacarle el jugo a las palabras cuando parece que ya está todo contado fue ¨ Crónica de una muerte anunciada ¨.

Empieza así: ¨ El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5,30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo ¨.

De entrada, te dice lo que va a suceder al final del libro y, por si no te has enterado, continúa todo el relato de manera magistral, diciéndote que lo van a matar. Cuando llega el final, cuando piensas que no hay sorpresa que valga, el Sr. García Márquez nos regala una muerte sorpresiva y nueva, como si no lo hubiéramos sabido antes. Eso es malabarismo.



D. Gabriel, este joven músico de 45 años de  oficio; que aún aprende y trata de juntar palabras para contar historias, le está profundamente agradecido por las que usted me cuenta cada vez que me sale al paso en mitad de la noche y al compás de todo el silencio que se merece.

Buen viaje y muchas gracias.







                                Sugerencia. Es un momento propicio para sentarse ahí, con la guitarra; improvisar notas huérfanas de melodía...