domingo, 19 de febrero de 2023
martes, 1 de septiembre de 2020
Extraña primavera
Este tema nació entre canciones, como otros instrumentales que hice. Cuando no me apetece utilizar palabras o no las encuentro, le sigo el hilo a lo intangible y, aparte de pasarlo igual de bien, a veces sale alguna cosa
Tiene unos añitos, formaba parte de un disco instrumental que nunca grabé: ¨Reflexiones de un autómata¨. Este título lo utilicé para mi blog.
La fotografía de la supuesta portada la colgué en Mayo del año pasado en Instagram, su pie de foto es: ¨Colección para una extraña primavera¨
Lo grabé en 2018. A final de 2019, mientras me pensaba si hacerle un vídeo, apareció 2020 y llegó lo que llegó. Así que grabé todo lo que pude desde mi balcón, algunas tomas después del confinamiento. Lo hice con móvil, tablet, a veces con la cámara; casi siempre a bote pronto, y eso, se nota en la calidad de algunas imágenes.
Por otro lado, recurrí a ciertas amistades que suelen grabar con sus móviles todo lo que se mueve, aparte de que ellos sí se podían mover.
Algunas secuencias las pude utilizar, otras no.
Agradecido a todos los que quisieron contribuir.
En fin, con este vídeo me reafirmo en la idea de que lo importante es contar algo, contar historias, no importa de qué manera. El límite te lo pones tú mismo.
Colaboraciones: Juan Hernández, Ana Esteban, Noemi Rodríguez.
Tiene unos añitos, formaba parte de un disco instrumental que nunca grabé: ¨Reflexiones de un autómata¨. Este título lo utilicé para mi blog.
La fotografía de la supuesta portada la colgué en Mayo del año pasado en Instagram, su pie de foto es: ¨Colección para una extraña primavera¨
Lo grabé en 2018. A final de 2019, mientras me pensaba si hacerle un vídeo, apareció 2020 y llegó lo que llegó. Así que grabé todo lo que pude desde mi balcón, algunas tomas después del confinamiento. Lo hice con móvil, tablet, a veces con la cámara; casi siempre a bote pronto, y eso, se nota en la calidad de algunas imágenes.
Por otro lado, recurrí a ciertas amistades que suelen grabar con sus móviles todo lo que se mueve, aparte de que ellos sí se podían mover.
Algunas secuencias las pude utilizar, otras no.
Agradecido a todos los que quisieron contribuir.
En fin, con este vídeo me reafirmo en la idea de que lo importante es contar algo, contar historias, no importa de qué manera. El límite te lo pones tú mismo.
Colaboraciones: Juan Hernández, Ana Esteban, Noemi Rodríguez.
martes, 14 de abril de 2020
Al filo de la madrugada
Este silencio me suena.
A saber dónde está el refugio del que sale todas las noches y se pasea como dueño y señor de las calles vacías. Es un silencio antiguo, limpio, sosegado y extraño, para esta ciudad.
Por otro lado, pensar que es el miedo quien le facilitó el camino para sus paseos nocturnos, no es anormal, ya tienen los dos un largo historial de acuerdos y desacuerdos; de batallas perdidas, ganadas, y también consensuadas por ambas partes.
Pero puestos a imaginar, no sería descabellado, que este silencio tan sonoro, fuera la punta de lanza de un ajuste de cuentas. Hace mucho tiempo que le venimos apretando las clavijas a esta tierra que tanto nos da; que vamos desmantelando con saña y total falta de escrúpulos, la magnífica arquitectura de la naturaleza, como si no formáramos parte de ella. No sería de extrañar que, con el arma más diminuta, nos desmantelara ella a nosotros: un toque de atención, con la sutileza propia de lo intangible.
Sé que esto no es muy científico , que se aleja de todo conocimiento empírico, pero como forma parte de mi oficio contar historias, esta situación es bastante golosa; de hecho la ciencia ficción se anticipó y de que manera. Ahora lo que ocurre es que nosotros somos los ¨protagonostias¨ de esta película. Nada más y nada menos.
Mientras tanto, y a pesar de los pesares, bienvenido sea el silencio que mece las horas al filo de la madrugada.
Aunque sea un contrasentido, espero que sea un placer con los días contados…afortunadamente.
J. A. Muriel
martes, 18 de julio de 2017
Antonio Mata
Antonio Mata se diferenciaba del resto de sus
colegas en el sentido poético y en la calidad de
sus textos. Tuve el placer y el privilegio de
compartir con él carretera, escenario y unas
cuantas noches de charla y risa. Se podía
disfrutar de su humor socarrón y su renuncia
intacta a la tristeza; cosa que contrastaba
totalmente con esa honda poesía con la que
alimentaba sus canciones.
La última vez que nos vimos fue en ̈LaTertulia
de Granada, donde hizo una magnífica y
cariñosa presentación –junto a Juan de Loxa-
antes de mi concierto. Quedamos en que
teníamos que hacer una canción juntos, pero
eso no llegó a suceder; no quiso el destino que
nos cruzáramos de nuevo.
Ahora, con esta iniciativa de Fernando Lucini,
los que lo conocimos tenemos la oportunidad
de reivindicar su memoria y su poesía para que
no sean pasto del olvido; para que su obra
llegue a quien no la conocía o que la recuerden
los que la olvidaron.
Una magnífica ocasión para que su voz poética y
andaluza, ocupe el lugar que a él le hubiera
gustado.
La página en Facebook se llama: ¨Con Antonio Mata¨.
https://www.facebook.com/search/top/?q=con%20antonio%20mata
La página en Facebook se llama: ¨Con Antonio Mata¨.
https://www.facebook.com/search/top/?q=con%20antonio%20mata
domingo, 8 de enero de 2017
Se me fue la pinza
El beso de madera
La playa de Tarifa, la del
paseo, está a unos 200 metros de la casa de unos amigos donde, cada cierto
tiempo, me dan cobijo y amistad.
Acababa de llegar de esa
playa con mi cámara de fotos bien alimentada de luz, paisaje y atardecer.
En la casa no había nadie. Por
la ventana, desde donde se ve Marruecos y parte del mar que lo separa de la
península, entraba el rescoldo del último suspiro de un atardecer de Septiembre.
Me senté en una especie de
taburete de patas muy cortas, pero de agradable asiento, que está pegado a la
pared que le sirve de respaldo. Sobre la amplia mesa del salón, delante de
mí, estaba la bandeja de madera tallada donde se mezclaban llaves, algún
cargador de móvil y objetos de distinto pelaje y uso diario.
Era un buen momento, había tranquilidad
y yo tenía ese plácido y suave cansancio que te procura caminar frente al
rompeolas.
Encendí la cámara y cuando me
disponía a repasar el muestrario de paisajes que traía, me llamó la atención algo
tan anodino y usual como es una pinza de la ropa.
Lo único que estaba fuera de
esa bandeja era esa pinza gastada, vieja y descolorida que contrastaba con el
brillo y el color intacto de la mesa de teca.
Le hice una foto tal cual
estaba, tendida sobre la mesa.
Después la puse de pie y le hice
algunas fotos más; pero,
al mirarla detenidamente, vi
una pequeña escultura cuyas piezas de perfil y enfrentadas una a la otra,
parecían besarse. Incluso la prolongación hacia arriba del muelle, rodeaba por
una imaginaria cintura a ambas piezas. Bien podía llamarse ¨El beso de madera¨.
A partir de ahí, no la veía como
una sola pieza, eran dos condenadas a entenderse.
Sólo comencé a verla como lo
que era en realidad, cuando su color blanquecino (canoso) y su muelle oxidado
me contaban que esa pinza llevaba mucho tiempo en esa casa.
En muchas ocasiones, cuando
se interrumpía ¨el beso de madera¨, era para luchar contra la fuerza del aire
tarifeño; ese que lima las esquinas, aulla en las rendijas y rasga las sábanas
antiguas.
Puesta ahí ¨de pie¨ delante de mí, parecía decirme
que estaba cansada y que esperaría la ventolera más furibunda para aflojar y
dejar que se la llevara hacia el estrecho y flotar hasta desaparecer entre los
atunes, donde naufragan las pateras.
En esas estaba cuando oí que
abrían la puerta de la calle y entraban mis amigos. Nos saludamos y fui al
cuarto a guardar la cámara, mientras tanto, me preguntaron por la fotos de la playa; les comenté que no
se dio mal, que ya se las ensañaría.
Cuando volví al salón, ya no
estaba la pinza; era probable que la hubieran puesto en la cesta con las demás.
Ya era casi la hora de la
cena, y mientras poníamos mantel y cubiertos, pensaba en una frase muy popular,
que a veces utilizamos y que está de moda: ¨Se me fue la pinza¨.
Nunca fue tan literal.
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Sugerencia. Es un momento propicio para sentarse ahí, con la guitarra; improvisar notas huérfanas de melodía...
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